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MUJER MILITAR julio 14, 2010

huviera resulado un trabajo incompleto, si no se incluye este espacio, para describir, aunque sea a modo de semblanza, el rol de la mujer soldado, la mujer profesionista, la mujer militar líder y comandante, la mujer madre de familia y esposa, que se divide, sin pensarlo, en tantos gajos como se lo exija su condición castrense.

Encaja a la perfección, insertar un pensamiento de Shuré, para mostrar de entrada, cual es el espíritu que puede guiar al hombre soldado, comandante y líder, para respetar, mandar y obedecer a la mujer militar: “Honor, pues, a la mujer, en la tierra y en el cielo” (Shuré, 1986. p. 164). Porqué no tomar esa expresión, para desterrar cualquier viso de misoginismo, y reconocer el rol de la mujer militar, dentro y fuera de los actos del servicio. Honrarla, lleva implícito aceptarla como igual, tener en cuenta, que ocupa un lugar en la estructura militar; si ostenta una jerarquía y desempeña algún cargo, es menester darle la legitimidad y la validez que requiere. Otra forma de honrarla, es valorando su inteligencia, e integrar ésta, como parte importante de las demás inteligencias; por cierto, una mujer militar, comandante y líder, son seres con criterio, que no se desprenden de su singularidad, con sólo portar el uniforme. Esto y más, es lo que por ella puede hacerse en la tierra.


La honra del cielo, viene dictada ya. Aún estando en la tierra, la mujer militar lleva consigo, las potencialidades de dadora de vida, pues ya como madre, debe multiplicarse para bregar con tan complicada combinación; su función natural y su deber con la milicia. Habría que pensar, en las maravillas que encierra, el convivir con un ser, agraciado con la bendición de concebir y alimentar, y que cumple como el mejor de los soldados. Ser esposa, madre y soldado, es una triada con conexiones complejas, que debiera incitar elevados pensamientos, a quienes mandan u obedecen a mujeres militares. Todo hombre, tiene una madre, hermanas y esposa. Es innegable: son mujeres, tan dignas y respetables, como las que sirven en el Ejército y Fuerza Aérea.

Parafraseando a Lawrence, algunas mujeres tienen espíritu de soldado, y se hacen militares, porque llevan con ellas esa inquietud y ese olfato, que las guía sin estaciones intermedias, hasta su destino, en una fuerza armada. Ese impulso vocacional, puede hacerles abrigar la necesidad de tener un marido, soldado también.

Por favor, algo muy deseable para proscribir, es un prejuicio y hasta trauma, de que una mujer, adscrita en cualquier organismo, representa problemas para los que mandan y lideran. Siendo honestos, tiene mucha influencia el trato que se le prodigue. Algunas veces, no es estimado del todo, ese sentido crítico puntilloso que la distingue, porque expresa lo que otros callan, y no pocas veces, en silencio asimila y se guarda decisiones ilógicas, aunque le afecten. Ejemplo: una Doctora de servicio, en un pelotón de sanidad de una corporación, habiendo médicos en el hospital de la misma ciudad o una Cirujano Dentista desplegada con su unidad en operaciones, cuando sus pacientes tienen que esperar en la matriz de la unidad.

Los celos profesionales, llegan a cegar tanta el criterio de algunos varones, que hacen a un lado a la mujer militar, aduciendo su fragilidad, sin pensar que puede resultar más resistente que muchos hombres. Es cumplida y estoica, callada y fría por momentos, pero, indudablemente, que su agudeza explosiva, para construir o destruir, debe ser valorada. Tiene la capacidad para ser buena y mala, en un santiamén. Por otro lado, la milicia no es un terreno muy oscuro para la inteligencia femenina.

A la mujer militar, se le reconocen todos los atributos que la hacen buen soldado, y muchas de ellas se desempeñan con tino, en funciones de mando y liderazgo. No obstante que su campo de acción es reducido, su participación en el Ejército y Fuerza Aérea, es notable. Su condición como militar, en nada incide en su sensibilidad y su delicadeza, pues mantiene inalteradas, todas las percepciones reconocidas a su género. El misógino debe contener sus traumas, y abstenerse de pretender tratar a la militar, como un soldado común, y someterla a las mismas presiones. Hasta para dirigirse a una mujer, los términos y las formas, difieren de los utilizados para los hombres.


 

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